
Queremos que los íconos sean patrimonio de todos los cristianos y de la humanidad. Queremos que vuelvan a las iglesias y al corazón de nuestros hogares.
Queremos que su espiritualidad tan llena de valores teologales (fe, esperanza y caridad) sane nuestra conciencia acelerada e irreflexiva.
Queremos que los íconos sean un lugar de encuentro y comunión entre la Iglesia Católica y la Ortodoxa.
Tal vez puedan sonar muy ambiciosas estas palabras, pero al advertir el Belén de donde salimos y contemplar hoy la cantidad de iconógrafos y de obras que tenemos, nos dicen que el camino emprendido es el correcto, hay un crecimiento notable en la participación y en la calidad donde se percibe que cada escritor de imágenes está comprometido con su misión, se supera cada año y busca realizar de manera más transparente el prototipo que representa.
Se percibe el cuidado, el esmero y la oración que hay en cada uno de ellos.
Se nota la concentración mística y el diálogo profundo con Dios, fuente e inspirador de la obra, que transporta al espectador al mismo encuentro de amor.
Gracias a todos los que con su esfuerzo hacen posible que esto sea una realidad.
P. Hernán Pérez Etchepare, ssp
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