
Jesús es la palabra hecha carne, y el ícono es esa misma palabra hecha imagen.
Gestos y palabras, lo que se dice y se hace en Cristo tiene una total correspondencia, son parte de un mismo lenguaje y una misma comunicación. Por eso, podemos decir que en el ícono se escribe con imágenes el contenido de la Sagrada escritura.
Cuando se contempla un ícono, comenzamos una experiencia profunda de diálogo con lo trascendente, nos comunica su belleza, bondad, alegría y enciende en nosotros el amor que procede de Dios. Hagamos la experiencia enriquecedora y maravillosa de contemplar los íconos, imagen escrita de lo divino.
P. Hernán Pérez Etchepare, ssp
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