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domingo, 22 de febrero de 2009

V Encuentro: Presentacion


En la actualidad se dice frecuentemente que vivimos en la cultura de la imagen. Entonces los íconos se nos presentan como una manera privilegiada para expresar la fuerza transformadora del Evangelio y del amor inconmensurable que Dios quiere derramar sobre todos sus hijos. Estas bellas imágenes que nos observan con amor, nos invitan a contemplarlas en esa misma sintonía de encanto. Ellas nos ayudan para entrar en contacto con lo sagrado, vale decir con lo inexplicable, lo inefable, con lo que nos fascina y nos desborda. Para esto es necesario abrir nuestros sentidos interiores, gustar de ese diálogo profundo que sólo se logra en la oración, donde se comienza a captar lo sutil de cada facción, la teología que contiene cada forma y cada color. Los personajes cobran vida y nos comunican su participación con lo divino, bebemos, como diría San Pablo, de la “Multiforme Gracia de Dios”, contenidos infinitamente en cada uno de ellos. Los íconos nos llevan a una dimensión que trasciende lo temporal, de allí su vigencia y su permanencia a lo largo de todas las épocas, y de allí, su perenne riqueza que nos une con lo divino. De esta unión el hombre de todos los tiempos sale fortalecido, edificado, y persuadido de que en el mundo hay mucho por hacer para devolverle el rostro de Dios a la humanidad desesperanzada.
Que esta Navidad sea un reencuentro con esta fraternidad que nos propone Dios y aceptemos su invitación, que nos realiza a través de los íconos, de formar parte de su familia, con sus santos, su Madre y con su misericordiosa persona.

P. Hernán Pérez Etchepare, ssp.

V Encuentro: El Icono


La palabra ícono viene del griego (eikon = imagen), imagen sacra en este caso.
Este ícono del que estamos hablando, es el mismo que sale victorioso de todas las persecuciones y destrucciones de imágenes en el siglo noveno (843). Es el mismo que nos muestra la Encarnación de Cristo; el mismo que, según la tradición, nos dice que san Juan Evangelista, médico y pintor, retrata el primer ícono de la Virgen con el Niño en brazos. También según una creencia, Cristo envía su imagen en una túnica al Rey de Edesa, Abgar, enfermo de lepra cuando éste manda a su secretario a buscarlo; y viendo que en medio de la muchedumbre éste no llegará a él, le pide su “Mandylion”, que es el lienzo que llevan algunos orientales en su cabeza; cuando Cristo lo acerca a su rostro queda allí impreso produciendo más tarde la curación del rey. Otra creencia en occidente nos habla del velo de la Verónica, que enjuga el rostro sufriente de Cristo camino al Calvario, a éstos últimos se los denomina “No hechos por la mano humana” (Acheropita).
La autenticidad de los íconos según la tradición, entre otras cosas, depende de su semejanza con el original; no sólo es fruto de la creatividad artística, que es poca la que se puede usar, sino que debemos remitirnos a los manuales de pintura utilizados por los maestros iconógrafos ya que todo tiene un significado preciso y simbólico.
También es importante respetar los materiales a usar en ellos, la tabla de madera, la cola, la tela, los colores de pigmentos naturales ya sean minerales o vegetales, el agua, el huevo, el oro; todo esto pertenece al reino vegetal, mineral o animal.
El gran pintor Matisse en su viaje a Rusia se preguntaba: “Qué vienen a buscar los pintores rusos a Europa, cuando tienen este arte tan bello aquí?”…
Y también se preguntaba Dostoievsky: “Que belleza salvará al mundo?” Aquella del rostro de Cristo, el más bello entre los hijos del hombre (Salmo 44).
“El ícono es un canal de Gracia, hace presente a la persona que representa, es un lugar de encuentro, una ventana a la eternidad”.

Magdalena María Acuña de Armano
Curadora

V Encuentro de Iconografia Argentina